Mi experiencia en Hotel Pansaverde fue muy decepcionante y definitivamente no corresponde a la imagen de exclusividad que proyecta.
El hotel es excesivamente ruidoso para quienes buscan descanso. Además, la habitación que me asignaron tenía una ventana en el baño con vista directa hacia el restaurante, algo incómodo, invasivo y poco apropiado en términos de privacidad.
Otro aspecto que me pareció absurdo fue que la alberca solo podía utilizarse de 9:00 a 11:00 de la mañana. Resulta difícil entender por qué un hotel promociona este tipo de amenidades si los huéspedes únicamente pueden disfrutarlas durante dos horas al día.
Lo peor ocurrió al hacer el check-out. A pesar de haber dejado una tarjeta de crédito registrada como garantía al momento del ingreso, nos detuvieron para inspeccionar la habitación antes de permitirnos salir. La sensación fue de desconfianza y de ser tratado como sospechoso, algo totalmente fuera de lugar en un hotel que pretende ofrecer una experiencia de alto nivel.
Las instalaciones pueden lucir bonitas, pero el servicio al cliente deja mucho que desear. Entre el ruido, la falta de privacidad, las restricciones absurdas para usar la alberca y un check-out incómodo y poco profesional, esta fue una experiencia que no repetiría.
No volvería a hospedarme aquí y no lo recomendaría.