Realmente mi única observación sería con respecto al Starbucks ubicado en la recepción.
Quiero destacar que el personal de recepción fue siempre muy amable, respetuoso y profesional durante toda mi estancia. Sin embargo, tuve una experiencia muy diferente con uno de los baristas del turno de la tarde, un chico con tatuajes.
En otra ocasión fui atendido por el barista del turno de la noche y el servicio fue excelente: amable, atento y muy profesional. Lamentablemente, mi experiencia durante la tarde fue todo lo contrario. Me formé para pedir un latte y, aunque me vio esperando, no me atendió. Al final tuve que acercarme al personal de recepción para pedir apoyo y, aun así, se acercó de muy mala gana. Además, el latte que me preparó tenía mucha más espuma que café y me lo entregó derramándose por los lados del vaso.
Entiendo perfectamente que trabajar en hotelería puede ser estresante y que hay momentos de mucha carga de trabajo. Aun así, todos los huéspedes merecen un trato respetuoso. Después de un vuelo y de casi 24 horas sin dormir ni comer, esa era literalmente mi única bebida en todo ese tiempo, por lo que la experiencia fue bastante decepcionante.
Comparto esta observación porque, sinceramente, el hotel superó mis expectativas en todos los demás aspectos. Sería una lástima que la actitud de una sola persona afectara la percepción de un servicio que, por lo demás, fue excelente.