El parco servicio de recepcion se compensa con lo cálido y puntual del servicio en el desayuno.
Es cierto.
El hotel vivió mejores épocas.
Pero, el bajo precio y la limpieza rigurosa con amenidades como jabón, shampoo y toallas abundantes lo hacen sentir completo.
Las camaristas siempre sonrientes son un mar de atenciones. Ir a ese hotel y no saludarlas es como ver una flor y obviar la jovialidad de las abejas que asíduas y dulces, hacen de su jornada, nuestro descanso.