Fue un viaje en familia. Nos alojamos todos en iglús y viajamos con nuestro perrito. Está justo a unas pistas de ski y durante la noche no apagan las luces de la pista, lo cual hace que haya contaminación lumínica y el motivo del viaje era ver auroras (que alguna vimos). El horario de recepción, y por ende del resto de servicios de alimentos y bebidas, es limitado. Abren tarde y cierran pronto. El servicio de limpieza es bajo petición, y creo que debería estar incluido teniendo en cuenta el precio del alojamiento. El desayuno, modesto. Si bien es cierto, los iglús son confortables