Qué lástima que un hotel con tanto potencial visual se vea completamente opacado por una pésima gestión y atención al cliente.
Mi viaje a Guadalajara venía saliendo increíble: el trayecto desde el aeropuerto excelente y el vuelo súper puntual. Sin embargo, toda la buena experiencia se derrumbó al llegar al Fulton Guadalajara. Desde la entrada, la actitud del bellboy fue sumamente extraña. Al llegar a la recepción, la situación empeoró: los recepcionistas se la pasaron discutiendo y platicando entre ellos mientras yo esperaba. Me atendieron de mala gana, pidiéndome las cosas sin detener su plática personal y sin responder a mis preguntas. Por si fuera poco, el mismo bellboy me acompañó a la habitación de una manera muy intimidante.
Al entrar al cuarto, la decepción continuó. El baño despedía un olor bastante peculiar y desagradable, y las amenidades estaban a medio llenar. Para cerrar con broche de oro, el proceso de check-out fue sumamente incómodo.
El hotel es visiblemente agradable y tiene espacios muy bien decorados, pero el servicio destruye la experiencia. Realmente, si tienen la oportunidad de quedarse aquí... ¡PIÉRDANLA!