Mi experiencia en este hotel a sido bastante agridulce tirando a un sabor amargo fuerte.
Por comenzar con las instalaciones están bastante bien lo único que por ejemplo hay detalles que depende qué habitación la ducha y el armario varían, lo cual puede ser un problema a veces porque puedes llegar a encharcar todo por intentar ducharte en una bañera. Además de destacar que las paredes son de papel.
Continuando con el trato del personal la verdad que no he tenido que lidiar con gran parte del personal, por ejemplo el personal de limpieza realizó su trabajo de forma excelente pero de las chicas que se encargan del apartado de la comida me han pareció un poco bordes. Debido a que alguna vez cuando sin querer te dejas alguna servilleta o algo y sabe que tú estabas en esa mesa te busca de forma un poco altiva para echártelo en cara.
Y para finalizar la guinda del pastel, la comida. Esto es como la lotería por ejemplo te coges unas cuantas patatas y algunas te vienen sin hacer y otras te vienen quemadas. Por no hablar de que no sabes que te estás llevando a la boca por qué no se señaliza con ningún cartel, por ejemplo las croquetas que no sabes de qué son. Bueno y eso ya por no continuar con el sabor de la comida que deja mucho que desear ya que sabe a zapato o a cítrico. Lo cual me parece vergonzoso porque cuando uno se va de vacaciones lo primero que quiere uno es que la comida sepa bien cosa que no se cumple aquí.
En fin esto es como la ruleta de la suerte, por más que quieras nunca toca el coche y encima tienes que aguantar al que canta que canta mal.