Ha sido una enorme suerte y una sorpresa muy agradable descubrir un lugar con tantísimos encantos. Mis más sinceras gracias a Teresa por habernos hecho sentir como en nuestra propia casa, y a su marido por participarnos todo lo referente a su bodega y su producción artesanal, que sin duda harán las delicias de cualquier amante de los vinos del Barbanza, y por extensión a los de las Rías Baixas. Inmejorable entorno para disfrutar tanto del mar como de la montaña. Sin duda un paraje más que recomendable, al que pensamos volver en breve.