Una casa deliciosamente decorada, con un jardín enorme por el que pasear y desconectar. Tuvimos un problema con nuestra reserva y Consuelo, la directora, nos lo resolvió sin ningún problema. El desayuno es completísimo y, como también comimos allí, también la comida (y el vino). Además Consuelo nos indicó muy bien sitios a los que ir a ver actuaciones en directo.
El único problema del hotel es que está un poco lejos de la ciudad y los taxis o remises tardan en llegar si no tienes vehículo propio, pero sin duda un sitio maravilloso al que nos encantaría volver.