Nos hemos sentido como en casa. Es un hotel rural muy acogedor. La habitación era pequeñita pero más que suficiente para nuestra estancia, y con un baño espacioso. Estaba todo muy limpio, y la cama muy cómoda. Pero lo mejor de todo no es la habitación. Es un entorno donde se respira naturaleza, con piscina para refrescarte, un bosquecito de bambú y un enorme y cuidado jardín. Susana, la anfitriona, es un encanto, está disponible en todo momento, te ayuda con lo que necesitas, pendiente de que estés a gusto... Y vaya mano para la cocina!! Los desayunos super completos y variados, fruta, tostadas con mermelada casera, bizcochos también caseros (vaya delicia de brownie!!), zumo recién exprimido, cafés y opciones sin lactosa... Además, nos quedamos a cenar una noche y estaba todo riquísimo!! Para la próxima vez que vayamos, reservaremos cena todas las noches!!